Ah, pero
Ah, pero las circunstancias.
Tiempo es el corazón de los pájaros
que dice al cuerpo a dónde ir
si el cuerpo del poema
-digamos, acá, los brazos-
te busca
inventa un personaje
o una persona
que es lo mismo
y se te parece
y tiene la misma forma de reir
y preguntar quién es vos
un poema es una máquina y no piensa ni responde
inventa
el fuego es antes un logro de este verso
que el pilar de la evolución
a veces la máquina se traba y no deja de inventar
fantasmas,
meses,
mujeres que se desnudan a medias o nada,
brujas que en el doce de bastos sienten el filo de un sábado a la tarde,
pedacitos de pan que se quedan en un sillón,
charlas donde Yerma usa jeans y grita “no”,
besos en un pelotero o en una librería de la calle santa fe,
nombres
y cosas
y equilibristas
y fotos como esa donde un hombre teje y un pato está cubierto de hormigas, según las reglas,
y distancias
y árboles
y poemas otros que contabilizan los chispazos de una picana o el sonido de las balas cuando se caen,
y vidas y pasados y el recuerdo de una tarde en la que alguien dijo: el color del pasto se parece al chirrido de la cama,
o
el amor es un colectivo atravesando buenos aires
y por eso nada importa
¿quién se estremece con el olor de una máquina? después de todo
pero la máquina avanza
persigue
acecha
hace ruido
y en el ruido
está tu nombre
tu nombre
y su cuerpo
lo mismo que un nene
aguantando la respiración
entre el azote
infinito de las olas.
