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17 mayo, 2013 / Germán

Infancias (XI)

mamá cocina y yo estoy sentada en el piso y mamá
mamá dice una sola vez tenés seis años y después pum nunca más y yo me río y
             
              he medido y pesado mi infancia igual que todos
              he guardado y martillado su esponjoso ataúd
              he tomado los votos de la experiencia única
              he observado su forma de vientre que me ha parido
             
y mamá habla y yo en el piso veo la ventana y una nena me mira
y me mira y hay un ruido de pum pum pum
             
                           cuando lo descubrí llevaba semanas sin dormir y escribí un cuento
                           Ser madre es mentir. A veces es ignorar o no saber, pero sobre todo mentir. La mía ya está muerta y no me puedo quejar y eso es lo que ella quería: morirse, ahorrarse mi voz de tardía adolescente diciendo por qué dijiste eso vieja, por qué me quisiste así. Pero mienten las madres y se equivocan. Yo miento también, y por eso me asumo madre. A los quince años leí sobre un corazón que cuenta cosas después de muerto y a los 30 supe que ese ruido molesto que en casa enloquece a todos es el de mis primeros años queriendo salir. No, mejor. Es dos cosas al mismo tiempo, o más: los primeros años queriendo salir; yo queriendo entrar en ellos. La niña que fui también lo escucha aunque yo no lo escuché. Crecés en la voz de tu vieja que te dice que aproveches tu juventud porque se pasa y se lo terminás creyendo. Y creés tantas cosas: que se puede estar vivo o muerto, que sólo se avanza hacia adelante, que si mañana llueve no podés sentir la lluvia ayer. Pero yo escuché el ruido repetirse y tuve pesadillas. Escuché el ruido en la cama mientras hacía el amor. Escuché el ruido en el supermercado eligiendo las naranjas. Escuché el ruido al hablar con mis amigas. Después supe que el ruido era una puerta y que mi madre me mentía. Estoy en todos lados al mismo tiempo. Escribo estas palabras en el borde de mi cuna.
             
             
y afuera la nena canta y me gusta su voz pero a mamá no y le dice que se vaya
y la nena se va y también no porque sigue cantando como adentro de mi cabeza y a veces hay dibujos en casa que yo no hice y para mi los hizo ella
             
              he descubierto un espacio vacío
              he visto mi infancia infinita y plural como la arena

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Nola / Jun 5 2013 4:49 am

    ¿Para cuando un poemario?
    ¿Para cuando lecturas en el umbral?
    Que talento, duende.

    • Germán / Jun 10 2013 3:02 am

      1) No sé!
      2) No fui nunca a El Umbral a ver qué cosas hacen. Tal vez debería. Podría ser divertido.
      3) No estoy de acuerdo (ni con el talento, ni con la duenditud :p)

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