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10 noviembre, 2013 / Germán

La noche triste (I)

Tu pantalla brilla.
y las imágenes pasan.

La voz te habla en un idioma ajeno,
y tu mente traduce en una lengua que tampoco es la tuya.

Pensás: en el Otro encontraré mi nombre;
en la máscara, el rostro.

En un museo
al otro lado
hay un espejo capaz de mostrarme.

Ahora estás ahí
y el color de la máscara es el color del mar donde se se deshizo y nació tu sangre.

Acaso te sentís perdida y sola.

La sala es grande.

Mientras el vidrio estalla y las alarmas suenan,
mientras las botas y los stop reverberan en el mármol y el granito,
mientras los ojos y las cámaras enmarcan tu cuerpo,
tomás entre las manos el craneo brillante
y acercándolo a tu rostro
llorás el irrevocable destino
de tu piel americana.

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